junio 29, 2009

DESDE ALGÚN LUGAR

Posted in 1 a 3:52 pm por golgota15

El calor aprieta. Es mediodía y el amarillo intenso lo cubre todo dejando apenas unas manchas de sombra solitarias. A lo lejos las formas se difuminan tras una cortina de ondas ilusorias que emergen del suelo. Los ojos me empiezan a fallar, cansados, cegados de puro agotamiento, y el corazón me late a un ritmo difícil de sostener. Ahí vienen otra vez. Puedo intuir el sonido desde una gran distancia; la suficiente como para que mi limitado cerebro tenga tiempo de desencadenar una alarma que me sobrecoge. Pero pasa rápido. De pronto, todo vuelve a la calma. Todo menos yo mismo, un elemento extraño en el paisaje.

El olor febril del pavimento, aumentado por la temperatura que lo desprende del suelo violentamente, me irrita al respirar y se instala en mi sistema nervioso proyectando impulsos eléctricos que recorren cada uno de mis nervios y me abandonan a las náuseas. Lucho pesadamente por no desplomarme. Entre tambaleo y tambaleo, consigo a duras penas recrear en mi memoria imágenes de tiempos mejores. De momentos que se deslizan en mi subconsciente suavemente, como plumas blancas que se dejan caer en la brisa limpia en el tenue vaivén de su recorrido. Calor, agitación, alucinaciones. Más imágenes imperecederas. En una de ellas, quizá mi favorita, me encuentro tumbado al calor del fuego que hace crujir la madera lentamente entre una lluvia de chispas brillantes. Estoy a punto de perderme en un sueño profundamente atemporal, y aún cuando lo hago, puedo seguir sintiendo el tacto de su cálida mano procurándome sueños apacibles. Inmiscuyéndose en mi pelo entre caricias que irrefutablemente aseguraron mi lealtad infinita.

De nuevo ese monótono ruido. Me desplazo haciendo un gran esfuerzo que me advierte ahora de que la próxima vez me costará el doble sobreponerme. Las extremidades han comenzado a temblarme y me invitan a desfallecer. Se aleja el peligro entonces como un espectro dejando una ráfaga de aire tan reconfortante como extraña. La sed aumenta exponencialmente. Como en otras muchas ocasiones en paseos incontables, doy por hecho que en el momento justo él, o quizá ella -aunque no sea lo habitual-, se ocupará de ello calmando mis anhelos. Esta vez están tardando demasiado, me digo. Ciertamente, deben andar muy ocupados tratando de encontrar lo que necesito.

Ahora el suelo tiembla ligeramente; un temblor que se acentúa progresivamente transformando el espacio asfixiante que me rodea. Mientras intento mantenerme firme advierto que el peligro se aproxima indefectiblemente en mi dirección. En cuestión de segundos una masa gigantesca arroja un sonido ensordecedor a medida que pasa desequilibrándome y se pierde en el horizonte, que parece desdibujarla y tragársela. Aún resuena el estruendo en todo mi cuerpo cuando a espasmos, como si no fuera dueño de mis acciones, comienzo a moverme de un lado a otro perdiendo la orientación. Para mi desgracia, a la monstruosa forma anterior le sigue un ejército incontrolable de espectros mecánicos. El ruido crece de forma que en mi cabeza una delirante orquesta desafinada martillea por doquier empapándome los tímpanos. Me oprime las sienes y desata el terror más frenético. El ritmo cardiaco se sitúa por encima de lo controlable. De pronto me he convertido en presa de un laberinto agonizante en el que nunca tuve intención alguna de tomar parte. Mis posibilidades por encontrar el camino que lleva a la salida se reducen drásticamente. Desamparado, resuelvo –o quizá es el propio miedo de quien está solo y sin ayuda quién lo hace- hacerme una bola en el suelo y dejar que todo siga su curso. Una silueta majestuosa en la soledad de lo inconcebible.

Siento entonces un golpe seco y el ambiente se torna estático bruscamente. Comienzo a sentir pausadamente un alivio tibio y sutil que evoca paz. Sorprendentemente, aunque siento que mis facultades se desvanecen a medida que mis ojos se obstinan por cerrase, consigo distinguir en el paisaje una puertecita de madera azul claro entreabierta por la que se cuela grácilmente otra imagen. Me parece tan real que todo en mí comienza a calmarse gratificantemente. En ella el calor se torna agradable, el ruido melodía compuesta por voces lejanas de niños y naturaleza, y la fragancia de almendros y naranjos me salpica como lluvia fina humedeciéndome el hocico. He despertado dando saltitos en círculo  y moviendo efusivamente la cola. Soy considerablemente más joven, casi un cachorro, y mi vida se presenta amable, abriéndome caminos soleados por los que correr hacia mi porvenir. Me deslizo por uno de ellos y corro incansable y ligero sintiendo que la brisa me impulsa bajo un manto infinito de soles y estrellas algodonadas.

 

Todos y cada uno de nosotros vemos la realidad de forma diferente. Es por eso que la realidad no existe, porque nunca seremos capaces de ponernos en el lugar de otro. Un perro ha muerto hoy en la carretera mientras sus dueños, o más bien sus verdugos, han optado por tener un día más o menos bueno en la playa. Ésa es la realidad. Ojalá hubiese nacido perro.

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abril 20, 2009

ENTRE LA REALIDAD Y EL SUEÑO.

Posted in 1 a 3:04 am por golgota15

   Hay dos cosas en esta vida que no soporto: una es ducharme con agua fría, incluso en verano. Lo mío son las altas temperaturas, rozando el punto de ebullición. Para que os hagáis una idea, si al final voy al infierno me lo voy a pasar de escándalo. La segunda es dormir en una habitación totalmente a oscuras. Mejor que se filtren algunos rayos de luz eléctrica por la ventana que me recuerden que ahí fuera todo sigue en pie aunque yo me abandone al sueño. Pues de eso quería hablar hoy, de sueños. Y de pesadillas.

   Sucede que mi subconsciente anda obstinado desde hace ya demasiado tiempo moviendo los hilos pertinentes, como si de un teatro grotesco de títeres se tratara, inundándome las horas en standby (quien no haya disfrutado aún de esa perla de Extremoduro que se apresure a hacerlo; no sabe el error que está cometiendo) de largometrajes sin fin. Funciona como un mecanismo laborioso y exigente que engrana escena con escena, acto con acto, fotograma con fotograma donde se suceden los capítulos rigurosamente. En realidad debo de ser un director cojonudo -me digo a medida que intento abrir los ojos por las mañanas-, sólo que estando despierto me pierde el despropósito. Arriba el telón. Lástima que el único público en tales funciones sea yo y la mayor parte de las veces no me queden ganas de aplaudir.

   Pero en fin, aparte la curiosidad, ya he hablado suficiente sobre mí. El caso es que muchas veces resulta complicado coger tiza y trazar la línea que separa ese plano subconsciente de la realidad en la que nos movemos. Ésa pegajosa que nos dice lo que tenemos que hacer y lo que no; lo que debemos pensar y lo que no; lo que está de moda y lo que no. Ahora está de moda la palabra Crisis. Así, con Mayúscula. Y resulta apasionante observar como la jauría utiliza el término para justificar y zanjar por la vía rápida cualquier asunto que venga al trapo. Maldita pesadilla. La culpa de todo la tiene la crisis. Lo mismo da que la abuela sufra del riñón derecho que qué no ganemos en Eurovisión. La puta crisis, oye. Y claro, tal es nuestra preocupación que se hace necesario el nacimiento del concepto opuesto: la Anticrisis. El glosario que florece es obligado: menú anticrisis; precios anticrisis (al final resulta que sí se podían bajar más los precios, y de qué manera oye); Manolo e hijos S.L. anticrisis; petrolíferas anticrisis – Gabinete de todo a 100- soluciones anticrisis. Pronto se estrenarán la película y el videojuego. Como dirían algunos, apaga y vámonos, que es gerundio.

   Con todo este entramado aún me pregunto cuál es el objetivo de esta recesión -que decía el otro- más cualitativa que cuantitativa. El resultado siempre es el mismo. La gente, que justifica ser carne de cañón llenándose la boca de crisis, sigue gastando igual; y los que manejan el cotarro, por su parte, viven como antes o mejor. Con la cara como el cemento armado y el colmillo goteándoles sangre.

   La crisis, sí. La misma que ya existía subyaciendo día tras día en quién siempre la ha sufrido o ha estado a las puertas de sufrirla, quemándose, antes de que este circo de incertidumbres floreciera. Todo es cuestión de espectáculo y resultados. Entretenimiento. Échale un ojo al panorama. Aumenta el número de periódicos vendidos y en los telediarios andan encantados con semejante filón. Hoy he escuchado la palabra alrededor de 30.000 veces. Una arriba, una abajo. Súmale las otras tantas que la he mencionado aquí. Y mientras tanto ahí sigue el mundo girando silencioso. O silenciado. “Los débiles existen para justificar a los fuertes”.

   No hay nada que temer, camaradas. La guerra está ganada. Esta crisis que os quita el sueño se va a solucionar y pronto podréis estar jugando de nuevo a Quién quiere ser millonario. A ver si entonces sugerís soluciones para calmar la crisis global que está devorando el planeta por sus cuatro costados. La moral, la que apela a la decencia y la vergüenza de todos. Idos haciendo el cuerpo a otro término que es también muy dado a subyacer: HIPOCRESÍA (con mayúscula de la H a la A).

noviembre 11, 2008

DESTELLOS

Posted in 1 a 7:48 pm por golgota15

Resulta que hay días que te llevas sorpresas. No son sorpresas como las que siempre andamos esperando, por supuesto. Nada de grandes premios o reconocimientos mediáticos o qué sé yo. No se trata de destacar o buscar el alivio en el egoísmo. Ni mucho menos estamos hablando de un falso y obligado regalo de navidad marca El Corte de manga Inglés.

Son, en otro sentido, pequeños destellos de luz en una dinámica general tan contaminada.

Os cuento. Iban caminando apaisadamente por el asfalto. A paso tranquilo, marcando el ritmo. Ya desde la distancia se discernían las dulces notas agudas de una melodía cálida. Un silbido limpio y transparente que llenaba las ondas sonoras de colores. Todo muy normal y cotidiano. Entonces levanto la cabeza y me los encuentro de frente: perro y amo. O amigos, que tampoco me quiero aventurar demasiado.

El caso es que los ves ahí, tomándose la mañana con calma y saboreando cada uno de los pasos que les llevan vete tú a saber dónde. Estudiando el percal y todo cuanto se abre en el horizonte. Respirando y disfrutando de una mañana bañada en oro y azul en la infinitamente valiosa compañía de un amigo fiel.

Y podría quedar todo ahí. Pero no, no queda sólo ahí. Pasas a su lado, intercambias una mirada y, sorpresa, el anciano te dirige un hola que suena a gloria. Tan simple como suena, deja una estela a su paso. En las décimas de segundo que transcurren piensas que por suerte aún hay personajes que te dan los buenos días al cruzarte con ellos o te dedican un saludo cortés y educado. Y nada más lejos de la realidad, te obsequian con algo valioso. Te dan una lección. Te hablan de otros tiempos y maneras de entender el asunto. Te remiten a épocas de mayor complicidad, más difíciles a su vez también. Te ilustran sobre tiempos en los que los hombres se necesitaban, luchaban por una causa, cooperaban y compartían lo que hubiera por compartir. Cuando no era necesaria tanta parafernalia y tanto cuento chino para construirse una visión de la vida y ser feliz en ella. Fiel a las creencias que cada cual pudiera o hubiese decidido acoger y cultivar. Unidos para lo bueno y para lo malo y todo eso. Entonces un saludo era sinónimo de unión.

Cuando perdimos esa costumbre en favor del miedo y el rechazo a nosotros mismos se originaron muchos de nuestros males. Fue como un bloqueo forzoso a la comunicación y complicidad. Y aquí nos vemos, en mitad de la historia cultivando semilla a semilla una intolerancia y pasotismo de manual.

Me pregunto qué pasará cuando esa generación desaparezca del todo y nos dejen a nuestra suerte. Cuando se esfumen como las nubes en el cielo dejando poco más que polvo y brisa en su camino. Ahora que hemos caído en el error irremediable de no dar crédito a las personas mayores. Cuando no les prestamos atención, hacemos burlas –muy a menudo totalmente cínicas e inhumanas- sobre su condición y los relegamos a un segundo plano de soledad absoluta. Desatendiendo sus carencias sin remordimientos. Los mantenemos vivos como tristes títeres que se consumen en su tenue rincón quebrado.

Y no hay lugar a error: son los mismos seres humanos que también fueron jóvenes y vitales y que nos ofrecieron una vida y dieron la suya por la nuestra. Esos en cuyas palabras se pueden encontrar las perlas más valiosas.

En esas estamos en nuestro maravilloso mundo de sonrisas postizas. Algún día inventaremos máquinas a las que darle los buenos días por nostalgia a lo que fuimos. Sólo que entonces no habrá color alguno, y el abuelo y el perro descansarán ajenos bajo tierra unidos por los lazos sinceros que compartieron.

noviembre 6, 2008

AQUEL NIÑO

Posted in 1 a 5:42 am por golgota15

Recuerdo las navidades de mi infancia. Casi todas eran recurrentes: las pasaba generalmente  en la calle rodeado de amigos entre risas y juegos. Con la nieve en espuma y los petardos tradicionales, aguantando el frío religiosamente. De vacaciones, eso que tanto nos gustaba a los chavales después de acudir día tras día a clase a aprender cómo viven animales que ni siquiera conocemos.

Así llegaba el día 31, el más emocionante de alguna manera. Un año se iba y otro empezaba, y entretanto ibas creciendo un poco más. Entonces, después de las campanadas de las 00.00, con el nuevo año recién puesto gritaba un poco por el balcón del segundo piso donde he vivido mi vida y bajaba a la calle a reunirme con los demás. A dar el típico Feliz año nuevo a cualquiera que pasara por allí y repartir besos. De nuevo petardos y euforia.

Unido a eso, claro está, venían los regalos de Reyes. El día 6 de enero era un día fuera del calendario. Fuera de lo normal, hecho para pertenecer a una historia fabulosa para nada parecida al resto del año. De pronto, como si todo encajara por alguna ley inmutable, las calles se llenaban de niños rebosantes de alegría estrenando los regalos que los Reyes Magos les habían traído por haber sido buenos -o malos, que total daba igual-. Podías asomarte a la ventana y ver desfilar a medio vecindario con extraordinarios artilugios nuevos y relucientes.

En mi caso concreto, recuerdo con nostalgia dos momentos especiales. Uno, cuando me regalaron una bicicleta que había estado deseando y que descubrí en mi dormitorio envuelta en una sábana blanca (o quizá yo la recuerde blanca). Dos, cuando me regalaron la Megadrive, esa videoconsola que tanta diversión podía albergar. Por entonces, ambos tesoros suponían un gran gasto familiar y sé que costaron sangre y sudor adquirirlos. No obstante, me proporcionaron una felicidad que aún recuerdo fresca en mi memoria.

Y pasaron años. Ahora todo ha cambiado. Cuando una navidad se acerca los primeros pensamientos que me llegan a la cabeza son qué demonios está pasando y por qué está la calle llena de luces y gordos vestidos de rojo hortera si es noviembre, caray. Dónde está la maldita magia fabulosa que sentía hace años, cuando no relacionaba navidad con cristianismo rancio y negocio, común denominador dinero. Qué ha sido de esos niños que inundaban las calles y daban el Feliz año sin esperar nada a cambio, sólo por sentirse parte de algo tan sincero y común. Y dónde está el niño con coleta que entonces se pasaba el día tratando de hacer las cosas bien. Sin objetivos, hacer las cosas bien sin condiciones.

Se ha ido, o mejor dicho, se ha quedado en ese espacio de tiempo, inamovible, viviendo para siempre esos momentos fugaces y eternos al mismo tiempo. Allí sigue, en el mismo lugar y tiempo, ajeno a lo que está pasando y a lo que está por llegar. Abrigado por el calor del hogar en el que duerme tranquilo resguardado por los suyos. Desearía poder hablar con él, abrazarlo y decirle que estoy orgulloso de él. Que no lo olvido y que me serena tener la certeza de que pasó buenas navidades.

Al final sólo se trata de eso en esta vida. De pasar buenas navidades.

INSOMNIO

Posted in 1 a 2:26 am por golgota15

Hace poco vengo recopilando un acopio de manifestaciones en las cuáles la fórmula del “ojo por ojo” se pasea por nuestro alrededor sin ser cuestionada en la menor medida. Filtrada y aceptada como si pasivamente la hubiéramos acunado y hecho común en nuestra consciencia. Por todos los flancos nos llegan nuevos taquillazos cinematográficos, historias, noticias… Todas envueltas en la misma trama justiciera: “X” individuo le enmienda a “Y” individuo lo que éste último le proporcionó anteriormente. Geometría pura. Tú me das, yo te doy. Quid pro quo. Y se nos llena el corazón de satisfacción (y orgullo, de orgullo y satisfacción) cuando observamos el trabajo bien hecho. Dónde las toman las dan.

 En esa misma onda, hace unos días dediqué un rato a volver a ver El cuervo, la película que tantas pasiones despierta en una gran porción de espectadores, sobre todo jóvenes. Me gusta el metraje, a pesar de ser un ejemplo más que preclaro de tozudez innata. Un prodigio suicida que subyace bajo los medios que tratan de justificarlo: historia de amor, jóvenes guapísimos, mundo de color de rosa (aunque por estética bífida la ambientación se deje los sesos en matizarlo todo tan oscuro y misterioso), etc. Y por si fuera poco, completamos la fórmula con la presencia de una niña que le aporta a todo un grado de incuestionable veracidad. Si hay una niña de por medio tiene que ser cierto. Hasta ahí podíamos llegar.

 Lo que no recordaba exactamente es que el papel que juega la violencia en esta película fuera tan gratuito. A grandes rasgos, la única diferencia que encuentro entre El cuervo y otras perlas del cine como Terminator (ése gobernador de California) es que el hermano agraciado de los Kiss visualiza su historia en el presente, mientras que el último viene del futuro -éste no viene a traer Neutrex, por cierto-. El trasfondo, pienso para los pollos. Mucha bala y mucho pincho, y mucho policía americano de gomaespuma.

 Pero en fin, fuera de juicios que no vienen al trapo, lo que venía diciendo es que el rockero se esfuerza a base de bien por rellenar a los criminales de plomo. Y vaya si lo consigue. Aparte de cruel e innecesarias, gran parte de las secuencias no dejan de mitificar el ojo por ojo. Las dos caras de la moneda son finalmente una. La misma, la sangrienta y codiciosa que todos llevamos dentro. Pero lo hemos hecho así. Depende de cómo nos pinten la historia, del ángulo desde el que se mire, unos matan y son condenados y otros son mitificados por cometer el mismo error irresponsable. La muerte está justificada.

Y así crecemos, acostumbrados a tragar violencia por un tubo –sobre todo catódico- sin que se nos agite el más mínimo ápice de nuestra cristiana sensibilidad y emitiendo juicios descerebrados que no requieren ejercicio intelectual alguno sobre casos seriamente peliagudos mientras nos hurgamos en la nariz. Felices en nuestra imprudencia. Creando una sociedad de psicópatas silenciosos. Qué más da, sigamos promocionando el asesinato para que Hollywood pueda crear películas con las que identificarnos.

Otro tema es la pena capital. Quinto mandamiento: no matarás. Estados Unidos y sus políticas  del uso de la electricidad. Qué decir si un artificio grotesco como tal no precisa de descripción.  Desde el genio que ideó el primer croquis, el que añadió la siguiente tuerca, aquel que impune sonríe aventurado y soñador promulgando una sociedad más libre rodeado de acólitos pertrechados en trajes infames,  el que desencadena el funcionamiento y verifica los resultados… Para todos ellos, y para el que vuelve a casa con la sensación del deber cumplido y se sienta a sorber la sopa que su santa mujer le prepara fiel y puntual después de haber tirado de la palanca: asesinos.

Pero seamos justos y concedámosles el honor merecido: al menos hacen todo lo posible por otorgarle al individuo condenado  a muerte una última deliciosa comida. Qué buenas personas. Al final se me van a humedecer los ojos.

julio 8, 2008

SOBRE CUERNOS Y CORNUDOS

Posted in 1 a 8:34 pm por golgota15

   San Fermines 2008. Una televisión de tirada masiva al respaldo. Completa naturalidad. La ecuación no deja de resultar paradójica y sorprendente en un siglo XXI que se da tortas por aparentar estar a la vanguardia de lo equitativo, lo correctamente político y de la modernidad. El siglo de reivindicar los derechos de todo hijo de vecino. El siglo de transformar analfabetamente el lenguaje para que no resulte machista y de paso cargarse unos cuantos siglos de historia y magistral etimología por las buenas, porque todo lo que venga del pasado suena rancio y obsoleto. Y bueno, podríamos seguir con la coletilla hasta llenar diez páginas de paja, pero no es plan al precio que está el papel -digital-.
   El caso es que en todo este meollo parece ser que nuestros compañeros los animalitos no juegan mucho papel. Al menos aparentemente. Ellos, que ahí donde los ves llevan unos pocos de años sobre la faz de la Tierra, todavía no tienen reconocidos ciertos derechos básicos que les proporcionen un atisbo de dignidad (que estos tiempos es una joya en bruto, por cierto). Dirán algunos (es lo primero a lo que suelen acogerse los perezosos de mente) que cazar, matar y comernos a los animales es una atrocidad y no deja de mostrar el lado más cruel y sanguinario del ser humano. Y bueno, teniendo en cuenta que éstos son indispensables en nuestra dieta y que tal tarea forma parte de una relación natural inapelable, poco más me queda por agregar. Cada cual que coja la bandera con la que se sienta más visionario y que reivindique lo que le venga en gana.
   Volviendo al caso que me ocupa, el de los toros, poco razonamiento lógico se puede aplicar. Por desgracia. Nada podrá nunca justificar y mucho menos reparar tanto daño causado. Y, sinceramente, me voy a ahorrar el típico discurso que alude paso por paso al asunto: que si la fiesta nacional esto, que si los toreros aquello, que si el público sediento de sangre… Perfecto, todo eso ya está muy machacado. Más que nada, me lo ahorro para de paso ahorrarme también las consecuentes náuseas que me produce ver tan de cerca la estupidez pura. El análisis riguroso no resulta eficaz en este caso.
   Sí diré que soy partidario de que cada cual haga con su vida lo que considere necesario. Lo digo porque la cara oscura de la moneda (véanse corredores de San Fermines, toreros y otra calaña selecta) se suele enorgullecer de que su vida esté -presumiblemente- en juego continuamente frente a la bestia a la que se enfrentan. Es más, me parece que el suicidio y la eutanasia son prácticas completamente legítimas en lo que respecta a la vida de cada uno. Así que si hay no sé cuántos heridos por cornada en ciertos eventos pues oye, con tu pan te lo comas.

   La cosa, no obstante, se enturbia un tanto cuando no se trata de nuestra propia vida la que está en juego, sino de vidas ajenas. Ahí ya no estoy tan de acuerdo. Según me he ido educando, ideas como la tortura, el asesinato y la impunidad no han resultado ser santo de mi devoción. Tampoco nunca me pareció justa la contienda con desigualdad numérica y cualitativa en la cual la parte favorecida se deleita de poseer una ventaja sobre el adversario. Llamadme exigente si así lo consideráis. Pues bien, todo este compendio de miserables valores se conjuga en la plaza, ya sea de toros o bien del pueblo.

   Ante todo este pseudoprogreso, me pregunto si no estaremos más cerca que nunca de manifestar nuestro lado animal, ése primigenio cuyo código genético permanece adherido a fuego en cada uno de nosotros.

   Por otro lado, resulta desconsoladora la vergüenza de que a los españoles, sea cual sea nuestra inclinación y pelea diaria (que en eso también tenemos pedigree como perfectos capullos irracionales expertos en alimentar odios y desprecio) se nos conozca mundialmente por tan inhumanos y despreciables menesteres. A lo que venía: la vergüenza nacional es también internacional.

   Según lo pienso, y por suerte, puedo responder a mi duda anterior: esto, como otras muchas cuestiones, es algo que aparece indisolublemente ligado al tiempo. A las generaciones. Y todo cuanto me aflige se ve calmado en parte cuando pienso que es cuestión de años: que en pocas décadas, cuando esta generación rancia y retrógrada se esfume, el mundo taurino y CIA verán impotentes como la razón vuelve a ganar la partida.

 

   Descansad en paz. Y Que os den por culo. Que os den mucho por culo.

abril 19, 2008

SI NO LE CONVENCE, LE DEVOLVEMOS SU DINERO.

Posted in Sin categoría a 5:45 pm por golgota15

    La publicidad. Ese perro fiel que nos acompaña a todos sitios a modo de sutil camino de espinas. En plena implantación depredadora de la globalización, hoy en día es más sencillo encontrar un cartel publicitario en el más recóndito lugar del globo que población civilizada. Véase Egipto, salpicado por carteles de grandes multinacionales vendiéndole a sus ciudadanos desarrollo a 4 pesetas el duro; o Etiopía, país olvidado –entre muchos otros- del mundo sumido en la más descarnada miseria que cuenta con su propia sucursal de McDonald’s. Dios le da carne al que no tiene dientes (ni pan).

    Pero en fin, milongas paternalistas aparte, lo que venía a decir antes de que se me fuera el santo al cielo es que la publicidad se ha convertido contra todo pronóstico en el programa más visto de la televisión. En una necesidad de primer orden. Nos gusta que nos rieguen el cerebro de artilugios tan innovadores como innecesarios. Pero cada cual tiene sus vicios. Que cada perro se lama su cipote.

    Pero ni siquiera se trata ya de eso. En pleno siglo de la libertad de expresión, del todo vale y todo es legítimo si hay intelectualidad de por medio, la publicidad se ha convertido en algo más. Ha subido un peldaño que la sitúa en el pedestal de lo incuestionable.

    Prueba de la imperante degradación en la que este artilugio nos tiene sumidos es la batalla competitiva por saturar nuestros hogares de paja. De cables internautas que nos conecten con el resto del mundo, por ejemplo. Ahí tienes al gigante de Telefónica que lo mismo te conecta Internet al increíble precio de 40 euros al mes (40×12=480 euros/año = GANGA) que te hace la oferta de los Días Felices y, Eureka, te toca el Perrito Piloto. Metiéndole el dedo en el ojo, en la parte izquierda del tatami y con un peso neto de miles de kilos de pasta al año (y no precisamente Pasta Gallo), Wanadoo, Jazztel o Periko el de los palotes, que para el caso es igual de efectivo en tales menesteres. Aunque he de reconocer que mi favorito es Ono (que, por cierto, patrocina esta conexión). Con un nombre capicúa, no podía ser nada bueno. Basta echar un vistazo a su publicidad para descubrir la más irritante y facilona de las dialécticas. “Porque Ono es como las cosas buenas”. El tono sospechoso de la voz del interlocutor lo dice todo. Demagogia de todo a 100.

    Aunque si de demagogia va el asunto, acércate a la nevera, saca una coca-cola y sigue leyendo mientras bebes agua bendita del paraíso. Tal elixir es, al parecer, la sangre de los dioses, la lluvia que riega los campos más fértiles, el rocío en la manzana madura… la sonrisa de un niño. Es, en pocas palabras, la fórmula de la felicidad (lástima que la fórmula de la coca-cola se desconozca). Para nada pudre las tripas o desatasca tuberías. Palabra de ama de casa.

    Los hay, en otro orden de cosas, con guasa. Destaca el reino animal (no confundir con fauna, que ésa está presente en muchos más anuncios): lo mismo te encuentras a un langostino coqueto que te pide que lo lleves a casa –“sheváme a casa, pive”, te dice el pequeño cabrón- que te topas de morros con Rizo, ese consejero de acento argentino que a todas las tiene locas y que aunque no está nada seguro de su trabajo, vende seguros.

    Ni que decir sobre la teletienda y su pseudo-realidad, que remite a un mundo tan diferente que parece gestada en Marte. Y hablando de Marte, ahí tienes a la moza que dice venir del futuro (concretamente, y por las pintas, de donde parece venir es de otra galaxia) a traerte Neutrex para que la ropa brille como la nieve del Himalaya. Ya que estabas, chata, me podrías haber traído mejor el remedio contra el cáncer.

    Dejando a un lado galaxias lejanas donde lavan que te meas, la cosa va incluso más allá. El gabinete publicitario de emisarios oscuros –aunque trajeados- que se dispone en torno a la mesa redonda de dónde salen las ideas más brillantes no quiere defraudar. Con todo, he de admitir que lo consiguen y que algunos anuncios, por estúpidos, se tienen ganado mi desprecio más profundo. Y lo malo es que me faltan dedos en las manos para contarlos. Entre ellos, ejemplos preclaros de negligencia innata son el de la madre que le lleva a su hijo el saco de dormir al campamento y, ni corta ni perezosa, concluye: “Y ahora me voy. No seré yo quien le estropee las vacaciones”. Un aplauso para esa respetable señora que fomenta la estupidez y alienta el desprecio de los hijos hacia los padres. Claro que sí. Y qué decir sobre las simpáticas muchachas que pasan de ir a la fiesta, tronca, porque tienen un grano como la cabeza de un ajo. Mucho mejor incitar a los chavales de 15 años con granos –que son casi todos- a postrarse en un rincón oscuro de su habitación por tener imperfecciones en la cara y ser tan hijos de puta. Aunque en realidad los hijos de puta sean quienes deforman la realidad más natural para llenarse el bolsillo de dinero sucio. El fin, una vez más, justifica los medios.

    Hace falta sólo un dato: Islandia, por sorprendente que pueda parecer, es el país con el índice más alto de felicidad del mundo. ¿La principal razón? Su esfuerzo por criar niños sanos y felices sean cuales sean las circunstancias. Y luego nos preguntamos en qué fallamos.

BIENVENIDO.

Posted in Sin categoría a 3:19 pm por golgota15

    Bueno, he decidido crear este espacio para -de vez en cuando- escribir artículos y similares sobre diversas temáticas. Como veis, ya hay uno disponible y pronto habrá más.

    Se trata en cierto modo de incitar a la lectura. Por lo tanto, si tienes un momento para la reflexión y te apetece echar un rato leyendo, me sentiría muy satisfecho.

    Las puertas están abiertas, así que si queréis dejar comentarios o reseñar cualquier aspecto, sentíos libres. Pasad sin llamar.

 

–  Gracias y bienvenido.

abril 18, 2008

CON TODAS LAS DE LA LEY.

Posted in Artículos de opinión. a 12:50 pm por golgota15

     Lunes 14 de Abril. Noche tranquila en el municipio murciano de Santomera. El ambiente es apacible en la plaza donde se erige serena la iglesia de la localidad. Imaginad el marco: gente transitando por aquí y por allá, un grupo de ancianos en torno a la fuente que se recorta como epicentro del lugar, luna brillante en el cielo… Aparente normalidad. Demasiada. Pero hay algo escabroso en el aire, algo que inquieta y rompe de un plumazo la sencillez del paisaje. Como una sombra, la figura camina pesadamente portando algo extraño entre sus brazos. La sensación de extrañeza se acentúa: el individuo, que no lleva camiseta, comienza a jalear palabras que, aún siendo en un primer momento ininteligibles, van adquiriendo forma a medida que salen por su boca. Su mirada es un témpano de hielo.

      Vista así, la descripción arriba presentada podría pertenecer sin duda alguna a un relato literario. Pero está lejos de rozar la fantasía más lejana. El sujeto de marras, Angelo Carotenuto, parecía tenerlo claro: “la vida es un cuento de hadas;  y la muerte, un manjar suculento”, debía pensar. Él sabía que sus cinco minutos de gloria, de reconocimiento mediático –tan revalorizado en la sociedad que nos abraza y nos besa mientras ponemos gozosos la mejilla-, iban a llegar tarde o temprano. Entretanto, podría entretenerse martirizando a sus allegados poco a poco, para ir abriendo boca. Cuajando la tragedia escrupulosamente, como un fastuoso movimiento del ajedrez del caos. Adentrarse en la mente del asesino es, cuanto menos, un ejercicio logarítmico de difícil resolución. Aunque tiene su aquél.

     Transcurrido el tiempo pertinente, Angelo consumó su amenaza. De nada sirvieron las incesantes denuncias por agresión que su madre interpuso, que acaso consiguieron que el individuo fuera internado en contadas ocasiones y la imposición de una orden restrictiva que le prohibía comunicarse con su progenitora.

     Una vez expiró la orden y pudo mantener contacto con ella, el joven pidió dinero a su madre, que negó ante la evidencia: el dinero sería utilizado para conseguir drogas. Inalterable, la mano del parricida no tembló al asestar varias puñaladas a la persona que lo trajo a la vida. Como culmen, el joven le cortó la cabeza a su madre.

     Resulta complicado buscar alguna explicación a tan inhumano asunto. Y no me refiero solamente al asesinato en sí, sino a la pasividad pasmosa con la que “funciona” el sistema legal en este país. En esta España tolerante, europeísta y del buen rollito, que sin embargo es tan separatista, provinciana y oscura. Impotente a la hora de poner las cartas sobre la mesa y atajar el problema antes de que se transforme en tragedia. Las leyes, dicen, nos diferencian de los animales y nos civilizan. Sin embargo, tal acontecimiento aporta una vez más otra escalofriante imagen para el archivo de la más vil condición humana.

     Reciban los animales en todo caso mis disculpas más sinceras por la comparación: ninguno de ellos sería capaz, tras quitarle la vida a uno de su especie por los irrefutables códigos que rige la naturaleza, de espetar: “Ahora estás callada, te quiero mucho”.

abril 17, 2008

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Posted in Artículos de opinión. a 7:30 pm por golgota15